El concepto de salud

 El concepto de salud ha vivido una gran evolución a lo largo de los siglos. Dependiendo del contexto histórico, social y cultural, así como de los avances en medicina, la salud se entendió y se aplicó de diferente manera. 

El término salud, desde un punto etimológico, proviene del latín salus y remite al adjetivo latino salvus que significa entero, intacto. Es por eso, que la idea de salud, entonces tiene que ver con orden, integridad, estabilidad. Si vamos un poco más al inicio del desarrollo del idioma, a la raíz indoeuropea *sol vincula la salud con la solidez. Saludar es desear a al prójimo que tenga salud. 

En los primeros años de nuestra historia prevaleció un pensamiento primitivo de carácter místico-religioso, que duró un largo tiempo; se basaba en la creencia de que una enfermedad era un castigo divino, por lo cual no se volvió necesario la búsqueda de síntomas y causas. 

El primer cambio en el concepto de salud llegó con Egipto y Mesopotamia. Su cambio consistió en la introducción de la conciencia acerca de la higiene personal y pública. En la sociedad hebrea, la ley Mosaica contenía uno de los primeros código sanitarios contemplados en la historia del ser humano. 

El concepto moderno de salud

Nuestro concepto de salud actual tiene su origen en la cultura griega, que canalizó sus conocimientos de medicina a través de su mitología. El pueblo romano a su vez, fascinado por los griegos, aplicó dichos avances en medicina a su sociedad, además de sumar conocimientos propios de carácter urbanístico que enfocaron a la salud pública, construyeron ciudades con grandes acueductos para la dotación de aguas así como también para el alojamiento de desechos. 


En la Edad Media, al aparecer las escuelas monásticas, se enseñó medicina hipocrática en la escuela de Salermo; por otro lado, se elaboraron escritos que contenían normas de higiene y salud. 
En el auge del movimiento renacentista, la investigación científica se volvió notable aportando grandes descubrimientos. Cabe destacar que la reforma luterana abrió algunas vías para el progreso del continente europeo y también en la investigación del cuerpo humano. 

La moral católica prohibía profanar los cuerpos de los difuntos y por ello jamás se había realizado una autopsia; sin embargo, la nueva moral protestante introdujo la curiosidad científica por la investigación y los avances técnicos. 
De esta forma las clases de anatomía y las disección se convirtieron en algunas de las materias más estudiadas en aquellos tiempos. 

La Reforma y el Renacimiento rescataron documentos de la época greco-romana e hicieron resurgir la medicina como disciplina científica. Por ello, los problemas de salud se plantean como un aspecto social prioritario. Las innumerables plagas que anteriormente habían asolado Europa también fueron un fusible. Las convulsiones que sufrió el continente a causa de la Santa Inquisición revelaron un estilo de vida inestable y con mala salud, pero todo este progreso llegó a su fin. En el siglo XX, el mundo moderno vivió un punto de inflexión en el campo de la salud: Alexander Fleming patentó la penicilina, un antibiótico que podía curar una variedad de dolencias que en ese momento se consideraban incurables. Es importante señalar que los estudios de casi todas las sociedades antiguas (árabes, serbios, griegos, chinos) han llegado a la misma conclusión que la penicilina de Fleming: se pueden utilizar bacterias para combatir enfermedades.
La medicina actual ha revolucionado nuestro concepto de salud y se convirtió en un factor prioritario. Gracias a todos los avances ahora es posible hacer trasplantes, donaciones, congelar células madre, combatir células cancerígenas...


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